La celebración realizada en 28 de septiembre de 2021 en México con motivo de los dos siglos de la separación (término más apropiado que «independencia») de México, o Nueva España, de España, ofreció un acto de unas dos horas y media, que por lo ridículo de la misma quiero comentar muy brevemente.

En este acto, representantes extranjeros y mexicanos se deshicieron en palabrería a base de «fraternidad, libertad, justicia, todas y todos…» y demás verborrea biensonante. Para hacernos una idea de la línea que seguía este acto, valga una frase que pronunciaba con énfasis una voz en off femenina: «200 años hace ya de la memorable fecha en que se rompieron las cadenas del yugo opresor», y terminaba otra frase una voz en off masculina: «…para termina con tres siglos de abusos e injusticias».

España es la mala de la historia. No se dijo en todas las intervenciones ni un sola palabra positiva -NI UNA SOLA- de los 300 años que el territorio fue España, y en los cuales -como imperio generador que fue el español- se levantaron universidades, infraestructuras, ciudades, catedrales, o arte. En esta celebración España es mala, aunque sin la conquista Española, el México que en estos días se celebra, jamás hubiese sido posible, pues recordemos tan sólo que los discursos fueron en español, y sonaron guitarras españolas. Es atacar la propia identidad que dices celebrar. Es hispanofobia.

Se daba paso a una «representación histórico-cultural» que comenzó con indios haciendo cosas de indios (pero eso sí, sin representación de sacrificios humanos, que queda feo y no cuadra con el indigenismo rosa). Después llega Cortés con soldados perfectamente uniformados, morrión incluido y cañones. Salto de tres siglos, «un pueblo derrotó a la tiranía» de «peninsulares y algunos criollos» que abusaban contra indígenas y mestizos. Después vemos el proceso de separación. «Después de 300 años de hambre, de esclavitud, de tributos e injusticia, de dominación extranjera, México se liberaba de las ligaduras que lo unieran a la vieja España». El sol brilla «después de que por tres siglos de historia fuera testigo mudo de las injusticias contra los desposeídos y oprimidos nativos de estas tierras». Es la Leyenda Negra en su estado más puro, teatralizada con las posibilidades técnicas del siglo XXI.

Por supuesto, ni una sola palabra que rompiese la idílica versión separatista que se dio en este acto, ni una mención a que antes de que terminase la primera mitad de ese mismo siglo, México perdió la mitad de su territorio en favor de EEUU. Haber teatralizado esa parte de la historia mexicana no hubiese quedado tan bien para un acto de esta intención (y para más recochineo, Biden envió un vídeo de felicitación, que ya hay que ser pendejo para ser mexicano -o español- y aplaudirle al yankee).

La última media hora se realizaron unos bailes y músicas folclóricas, eso sí, bien hermoso -que a todos los hispanos nos gusta un baile típico-, (no sin meter con calzador unos ridículos disfraces de indio que parecen sacados de una comparsa de carnaval de mi pueblo) coronaban el acto.

Esta celebración bien merecería para desmontar esta aberración un análisis de Fortunata y Jacinta, como ella sabe hacerlos.

Yo doy por zanjado el asunto con estas líneas, porque tan simplista acto no merece más de mi parte.

Viva México

Viva España

Viva la Hispanidad